Tanto es lo que me has dado que no tendré vida para compensarlo.
Para, ahora, que inicias el camino tengo preparado los besos infinitos que nunca te he dado.
El luto no es un color oscuro y sombrío, es más un sentimiento de dolor, de respeto y de pena.
Aún, tatuadas en sus ojos, mi madre conserva las dos primeras lágrimas de su alma, tras la marcha más amarga, y que, a día de hoy, no se han secado.
Toda una vida cosiendo alas para los demás y cuando te hicieron falta, las tuyas, estaban incompletas.
Te quiero hermano.
No te olvidamos...
Allá dónde estés!!!

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